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Los milagros de la vida

  • Foto del escritor: bajoinfinitasestrellas
    bajoinfinitasestrellas
  • 26 oct 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 14 ene


Autor: Stefan Zweig

Traducción de Berta Vias Mahou

(124 pp) – Ed. Acantilado, 2011

Título original: Die Wunder des Lebens

Tercera novela que leo de un autor que con cada obra, más me fascina. Su lenguaje y cuidado estilo ahondan en las emociones percibiéndolas y transmitiéndolas con suma delicadeza y cuidado en los detalles.

"El gris pendón de niebla se cernía, pesado, sobre Amberes, envolviendo por completo la ciudad en su capa densa y opresiva. Las casas rezumaban un fino vaho, y las calles conducían hacia lo incierto, aunque por ellas circulaba, como desciendo la palabra de Dios desde las nubes, un tañido estruendoso y el zumbido de un clamor, pues las torres de la iglesia, desde las que las campanas se lamentaban orando con voz ahogada, estaban sumidas en aquel gran mar de niebla indómito que llenaba tanto la ciudad como el campo y que más allá, en el puerto, ceñía el oleaje ligeramente encrespado del océano. Aquí y allá un débil rayo de luz luchaba con la vaporosa humedad y trataba de iluminar un deslumbrante letrero. "(Vid. Página 7).

La belleza de las primeras líneas me predispuso a recrearme en cada línea, cada palabra.

El protagonista de la novela recibe el encargo de hacer un cuadro de la Virgen que acompañe al retablo que ya existe. La tarea lo llena de ilusión y a la vez de una tremenda responsabilidad perfilada en la exquisita búsqueda de un rostro que pueda encarnar a la Madre de Dios, su ternura, su amor y su belleza celestial. Deambula en procura de ese rostro y un día... "(...) se detuvo de pronto como petrificado y se pasó la mano por delante de los ojos para protegerlos, como alguien al que ha herido un relampagueante destello. O un suceso espantoso o increíble. Con la mirada dirigida hacia el reflejo de una ventana iluminada por el sol había sentido en sus ojos la punzada de aquel pleno rayo de luz, pero a tréas vde la niebla de color púrpura y oro había aparecido una extraña figura, un maravilloso espejismo tras el confuso velo escarlata: la Madona del joven maestro, apoyada en actitud distraída y ligeramente triste, como en aquel retrato." (Vid. Pp. 32 y 33). Había encontrado a su inspiración.

Habló con el tabernero que la cuidaba como si de una hija se tratase tras haberse quedado huérfana debido a las persecuciones judías. En ella descubrió un snfín de emociones, de gestos sutiles y de sentimientos encontrados con los que ella también fue abriendo su corazón.

La descripción de todo el proceso de creación del retablo, la búsqueda de la luz, la expresión, el gesto, la ternura... me han conmovido y ya en el final... se han desbordado también todas mis emociones que poco a poco fueron acompañando a las pinceladas que desembocaron no en un sueño ni una ilusión, "sino en la eterna y oscura verdad". Palabras con las que finaliza el libro.



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